Pedro de Valdivia
El conquistador de Chile tuvo sus antecedentes en esta comarca palentina
 

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Porquera de los Infantes es una localidad de 38 habitantes situada a tres kilómetros de Aguilar de Campoo y a cinco de Pomar de Valdivia, en la provincia de Palencia. Tiene una iglesia del siglo XVIII con portada gótica del XV y una necrópolis rupestre olerdotana de origen prerrománico.
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Originario de la villa de Castuera, en la Serena de Extremadura, Pedro de Valdivia nació en el año 1500. Descendía de una familia de hidalgos, muchos de cuyos antepasados habían seguido la carrera militar. Su padre fue Pedro Oncas de Melo y su madre Isabel Gutiérrez de Valdivia, si bien estos antecedentes están puestos en cuestión por varios historiadores y expertos en heráldica.

A diferencia de otros conquistadores, Valdivia era un hombre culto y refinado, como lo demuestran las abundantes cartas que escribió desde Chile.

Inició su carrera militar como soldado hacia 1520, prestando servicios al emperador Carlos V en Italia, donde le tocó participar en la famosa Batalla de Pavía. En Flandes, sirvió bajo las órdenes de Enrique de Nassau y en Italia fue subalterno de Próspero Colona y del Marqués de Pescara.

Se embarcó para América en 1535. Junto a él viajó Gerónimo de Alderete y ambos participaron en la conquista de la provincia de Paria en Venezuela, donde se creía que existían abundantes riquezas.

Estando en Santo Domingo, debió sumarse a la expedición que la Real Audiencia de esa ciudad envió al Perú -conformada por 400 hombres al mando de Diego Fuenmayor- para auxiliar a Francisco Pizarro, quien estaba combatiendo una insurrección indígena. Su participación en este conflicto y la que tuvo luego en la guerra civil entre pizarristas y almagristas, fue recompensada con la asignación de un repartimiento de indígenas -encomienda- en el valle de la Canela y una mina de plata en Porco.

Desechó estas riquezas para iniciar la Conquista de Chile, donde moriría en 1553. Pedro de Valdivia contrajo matrimonio con Marina Ortiz de Gaete, quien arribó a Chile cuando su marido ya había muerto.

A pesar del fracaso de la expedición de Diego de Almagro, Valdivia solicitó autorización al Gobernador del Perú, Francisco Pizarro, para hacer efectiva la conquista de Nueva Toledo, la gobernación que anteriormente se había asignado a Almagro. Habiéndole concedido el permiso, Pizarro lo nombró teniente de Gobernador, y no Gobernador, como Valdivia quería.

Tan atrevida empresa tropezó con dificultades desde el principio. Primero se presentaron las de orden económico, puesto que tuvo que dejar su encomienda, la que fue repartida entre otros conquistadores, viéndose privado de una fuente de recursos. No habiendo obtenido ningún aporte monetario por parte de Pizarro, debió costear él mismo la expedición recurriendo a los préstamos, difíciles de conseguir puesto que los prestamistas dudaban del éxito del proyecto. No obstante, logró reunir alrededor de 15.000 pesos, que sumados a los poco más de 9.000 pesos en armas, caballos, vestuario y otros objetos que obtuvo del recién llegado comerciante español Francisco Martínez.

Los problemas también se presentaron a la hora de encontrar hombres. El fracaso de la expedición de Almagro ahuyentaba a muchos de los soldados y aventureros que se encontraban en el Perú, seguros de que no ganarían nada en tierras tan pobres. A fines de 1539 sólo contaba con unos 11 hombres.

Aparece Pedro Sancho de Hoz
Pedro Sancho de Hoz, antiguo secretario de Pizarro, arribó al Perú cuando Valdivia preparaba su hueste conquistadora. Sancho de Hoz poseía una capitulación que lo autorizaba para conquistar la Terra Australis, es decir, los territorios ubicados al sur del Estrecho de Magallanes.

Este hecho y las relaciones que tenía en la Corte, movieron a Pizarro a incentivar su incorporación a la sociedad formada por Valdivia y Martínez, con el compromiso de aportar caballos, corazas y dos navíos con víveres necesarios para la expedición, elementos que debía entregar al cabo de 4 meses.

Como el inesperado socio no cumplió con lo prometido, una vez expirado el plazo, Pedro de Valdivia -quien ya estaba en camino hacia Chile- dio por disuelta la sociedad. Más adelante, cuando la expedición se encontraba en Atacama, Sancho de Hoz intentó asesinar a Valdivia para arrebatarle el liderazgo de la expedición; sin embargo, el motín fracasó y el conspirador fue detenido.

Pedro de Valdivia salió del Cuzco en enero de 1540 con casi mil indígenas auxiliares -es decir, yanaconas o indígenas de servicio- y unos cuantos españoles, a los que en el camino se agregaron varios más que provenían de las fracasadas expediciones al Altiplano. Así, llegó a conformar un grupo de 153 conquistadores que lo acompañaban.

Siguiendo la ruta del Desierto de Atacama -la misma por donde había vuelto Almagro al Perú-, al llegar al valle de Copiapó tomó posesión del territorio en nombre del Rey, para luego continuar hacia el sur. En diciembre arribó al valle del Mapocho, donde finalmente decidió establecerse.


Después de reunir a los caciques de los alrededores, Pedro de Valdivia fundó la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, a los pies del cerro Huelén, el 12 de febrero de 1541, procediendo de inmediato a trazar las calles, tarea que fue encargada al alarife Pedro de Gamboa. Un mes después, instaló el Cabildo.

Ante el insistente rumor que corría entre los indígenas acerca de que Diego de Almagro el mozo, hijo del adelantado, había dado muerte a Pizarro, esta institución nombró a Valdivia Gobernador y Capitán General en nombre del Rey. Él rechazó tal distinción, pues equivalía a romper sus lazos con Pizarro, de quien no se sabía a ciencia cierta que hubiese muerto.

Finalmente, el 11 de junio de 1541, aceptó la designación, quizás previendo que sus reiteradas negativas podrían llevar a los cabildantes a buscar a otra persona que sí aceptase.

Entre las primeras medidas tomadas por Valdivia, se cuenta la organización del trabajo indígena en los lavaderos de oro de Marga Marga y el inicio de la construcción de un bergantín para comunicarse con el Perú.

El 11 de septiembre de 1541, la aparente calma que reinaba en Santiago del Nuevo Extremo se vio quebrada cuando los indígenas dirigidos por el cacique Michimalonko, cayeron sobre la nueva ciudad.

Valdivia no se encontraba en ella, puesto que había partido a deshacer algunas juntas de indígenas. Entonces, Inés Suárez, la única mujer en la expedición, se destacó por el liderazgo y ardor con que asumió la defensa del poblado.

Este episodio significó un retroceso en la Conquista, que sólo podría reiniciarse en 1543 con la llegada de nuevos recursos. De hecho, la destrucción de Santiago obligó a Valdivia a organizar la reconstrucción de las casas, el cuidado de los pocos animales que se salvaron, la siembra de unos puñados de trigo y, por último, el envío de Alonso de Monroy al Perú en busca de auxilios.

Con los recursos de armas, ropa y otros víveres llegados en la nave Santiaguillo, en septiembre de 1543, Valdivia estuvo en mejores condiciones para afianzar su objetivo. Envió a Juan Bohón a fundar una ciudad en el punto intermedio entre Santiago y el inicio del Desierto de Atacama: La Serena, instalada en el valle de Coquimbo.

Aprovechando la llegada de refuerzos desde el Perú en la nave San Pedro, que era comandada por Juan Bautista Pastene, entregó a este la tarea de explorar y reconocer el sur del territorio. Ambas naves, la San Pedro y la Santiaguillo, fueron conducidas por Pastene hasta los 41° y 25' de latitud sur. A bordo también viajaban Gerónimo de Alderete y Rodrigo de Quiroga quienes tomaron posesión de esos territorios.

En febrero de 1546, Valdivia inició la expedición al sur. Acompañado por 70 hombres, llegó hasta la desembocadura del río Biobío, donde pretendía fundar una ciudad; sin embargo, la hostilidad de los indígenas lo desalentó y volvió a Santiago en marzo de 1547.

Entre 1549 y 1553, después de su llegada a Santiago, Valdivia emprendió la conquista del Sur del territorio, labor compleja por la gran resistencia indígena que encontró. No obstante, en 1550 se dirigió a la zona del Biobío, donde después de enfrentar a los indígenas y derrotarlos en la Batalla de Andalién, fundó la ciudad de Concepción. Más tarde -y a medida que se adentraba en territorio mapuche- vendrían las fundaciones de La Imperial, Valdivia y Villarrica, entre otras. A los habitantes de las nuevas ciudades se entregaban tierras y las correspondientes encomiendas para el trabajo de los lavaderos de oro, como el de Quilacoya, en las cercanías de Concepción.

Después de una breve estancia en Santiago, Valdivia partió nuevamente a Concepción en diciembre de 1552. Desde allí envió algunas expediciones a recorrer los territorios australes y, con el fin de mantener abierto el camino entre Concepción y La Imperial, ordenó la fundación del fuerte de Arauco (1553). Posteriormente, estableció los de Tucapel y Purén en la Cordillera de la Costa. Para defender a los habitantes de la zona de Malleco fundó la ciudad de Los Confines, actual Angol, equidistante de los fuertes.

Uno de los primeros síntomas de la gran rebelión indígena que se acercaba fue el ataque que sufrió el fuerte de Tucapel en diciembre de 1553, al que Valdivia decidió ir personalmente. En las proximidades, las fuerzas organizadas por Lautaro -su antiguo caballerizo, es decir, quien atendía sus cabalgaduras, al que llamaba Alonso- lo atacaron. Según el relato de los cronistas, Valdivia fue capturado y muerto por un golpe de macana; su cabeza habría sido clavada en una pica y su corazón divido en pedazos que luego habrían comido los caciques.

Un militar culto y aguerrido 

El historiador Jaime Eyzaguirre describió el aspecto físico y el carácter de Valdivia de la siguiente manera: Mediano de estatura, ancho y robusto de cuerpo, el rostro amable y los cabellos rubios, poseía un talante señorial y varonil y una suficiente ilustración.

Sobre su moralidad agrega: Mezcla de caballero medieval y de sagaz político del Renacimiento, Pedro de Valdivia sobresale en la conquista de América por la serenidad de su espíritu, el temple de su voluntad, la alta visión orientadora de sus pasos y el sentido jurídico y constructivo de su obra. Concibió la empresa de Chile como una tarea en que se enlazaban el ansia de heroísmo y la sed de gloria. Los obstáculos no le amedrentaron. Luchó contra la geografía difícil, contra la traición latente en su hueste y la resistencia bravía de los aborígenes. Sus resoluciones, inflexibles ante la dificultad, no tuvieron el sello de la improvisación, de la venganza o de la crueldad inútil. Supo mandar, perdonar y dirigir, sacrificando a los supremos ideales de la empresa todos los impulsos negativos y bajos de la naturaleza. A la fuerza y al golpe opuso el derecho, y a la anarquía, la disciplina y el sentido jerárquico. Creyó así en superiores normas de convivencia que logró inculcar en la naciente sociedad por él establecida. No le movió en sus actos el afán de codicia o el prurito de mando prepotente. El oro y el poder fueron para él un medio, no un fin. Persiguió, en cambio, con ahínco la fama. Amó la tierra de Chile y sintió el golpe emocional de su paisaje, cuya belleza supo proclamar en sus vigorosas cartas al emperador. No aspiró a volver a España, sino a quedarse en el nuevo suelo y perpetuarse en él para siempre. Captó, él primero, el destino unitario de la tierra y del hombre de Chile, ignorado por los dispersos pueblos indígenas, y echó así las bases de una nueva nacionalidad.

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